viernes, 28 de marzo de 2014

Le noeud cravate (Jean-François Lévesque, 2008)


El nudo de la corbata
Francia | 13 min | Silente | 1080p

Cortometraje de Jean-François Lévesque que nos lleva a un mundo árido, donde la vida no es vida, nos muestra la aburrida y monótona existencia de un hombre que solamente se dedica a trabajar en algo sin mero sentido. Dentro de tal decadencia, encuentra su viejo acordeón con el cual, redescubre la vida.



El verdadero olvido del ser

En la rapidez de nuestra existencia cotidiana, nuestra racionalidad se enfrenta con un desafío. Por un lado, “sabemos” lo que “tenemos que hacer”. Sea cual fuere nuestro “oficio” –insisto: sea cual fuere-, éste se desarrolla en una serie de “acciones”, aprendidas, con mayor o menor grado de destreza o automatismo. Toda acción humana implica aliquo modo relación de medios a fines, y todos, de algún modo, tenemos nuestro “oficio”, una conducta externamente visible y con resultados humanamente “evaluables”, desde la Madre Teresa hasta el agente de Bolsa de New York. En ese sentido nuestra razón a veces calcula, planifica, mide, evalúa resultados. Contrariamente a ciertas advertencias apocalípticas, ello no es necesariamente negativo; es más, es un aspecto inevitable, necesario, positivo, de cierto aspecto de nuestra existencia, y muchas veces puede ser santo. Por lo tanto, no es cuestión de denunciar, dramatizar, de manera maniquea, este aspecto de nuestro mundo de vida. Simplemente, tiene un riesgo. Todo lo que es efecto, tiene su causa. En la vida humana, lo que es efecto, que se trasluce en la acción, tiene el riesgo de no verse como efecto, de cortar la visión hacia su causa, hacia su origen. Lo que cotidianamente hacemos puede ser dignísimo pero es efecto, no es el centro, el origen de lo que somos y de donde emerge ese efecto que llamamos acción. Como un círculo, tiene un centro. Nuestra acción cotidiana es el diario caminar sobre el círculo de nuestra existencia, y en ese sentido, sobre nuestra superficie. El riesgo es no ver el centro; el riesgo es quedarse en la superficie, en la superficie del yo, y no ver el centro, esto es, el yo, lo que primariamente, no actúa, sino que, radicalmente, es. El riesgo es caminar sin ver quién camina; el riesgo es conocer nuestro hacer pero ignorar nuestro ser; el riesgo es vivir olvidados de nuestro ser. El primer olvido del ser comienza por el olvido de nuestro ser. ("Existencia humana y misterio de Dios", de Gabriel Zanotti - Unsta, Buenos Aires, 2009)



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